Poco después una serpiente los buscó a solas, y se dirigió hacia ellos caminando erguida, como era la costumbre de la serpientes en esos días. La serpiente dijo que el fruto prohibido llenaría de conocimientos sus mentes vacías. Así que comieron, lo que era natural, pues el hombre está hecho de tal manera que siempre está ansioso de saber; mientras que el sacerdote, como Dios, cuyo representante e imitador es, tuvo por tarea desde el primer momento evitar que aprendiera nada útil…

Cartas desde la tierra

Mark Twain

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